
Definir una estrategia implica establecer una dirección clara que guíe las decisiones de la empresa a largo plazo. Para ello, es fundamental tener un propósito bien definido, con objetivos concretos y medibles. También es necesario analizar el entorno, identificar oportunidades y amenazas del mercado, conocer a los competidores y comprender las necesidades del cliente. A partir de ese análisis, la organización debe determinar su ventaja competitiva, es decir, aquello que la diferencia y le permite posicionarse de manera sólida










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